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La estrategia de marketing detrás del Escudo Nacional

El Escudo Nacional Argentino se aprobó en 1813 por la Asamblea del Año XIII. Pero si lo miramos desde marketing también fue una estrategia de lanzamiento.

La estrategia de marketing detrás del Escudo Nacional

El Escudo Nacional Argentino fue aprobado el 12 de marzo de 1813 por la Asamblea del Año XIII. En los libros de historia aparece como uno de los símbolos patrios de Argentina. Pero si lo miramos desde la estrategia de marketing, también puede verse como algo más interesante: el lanzamiento de un símbolo pensado para representar a un país que todavía estaba naciendo. En ese momento, Argentina no solo estaba construyendo instituciones políticas. También estaba construyendo algo más complejo: identidad colectiva. Y cuando una sociedad está construyendo identidad, los símbolos juegan un papel fundamental.


El contexto: construir identidad y legitimidad

A comienzos del siglo XIX, el territorio del Río de la Plata estaba atravesando un proceso político profundo. La independencia aún no estaba declarada y las provincias tenían intereses diversos. En ese contexto, era necesario crear símbolos que ayudaran a consolidar una idea común de nación. El escudo cumplía justamente ese rol: era una herramienta de comunicación política y cultural. Hoy podríamos decir que funcionaba como una forma temprana de branding político.


Estrategia 1: repetición en espacios públicos

Una de las primeras formas de instalar un símbolo es hacerlo visible. El escudo empezó a aparecer en distintos espacios públicos:

  • sellos oficiales en documentos

  • monedas

  • bandos del gobierno

  • edificios públicos

Esta repetición constante tenía un efecto claro: cuanto más lo veía la gente, más se volvía familiar. Y cuanto más familiar era, más autoridad transmitía. En marketing hoy lo llamaríamos frecuencia de exposición o incluso top of mind simbólico.


Estrategia 2: merchandising patriótico temprano

Para que un símbolo se vuelva parte de la vida cotidiana, tiene que salir de las instituciones y entrar en la cultura. Una estrategia posible en ese momento era convertir el escudo en objetos cotidianos. Por ejemplo:

  • medallas patrióticas

  • botones o escarapelas con el escudo

  • grabados impresos

  • banderines

En términos contemporáneos, podríamos decir que era merchandising de la nación. Una forma de popularizar el símbolo y hacerlo parte de la vida diaria.


Estrategia 3: storytelling patriótico

Un símbolo no funciona si la gente no entiende lo que representa. Por eso era importante explicar el significado del escudo. Cada uno de sus elementos comunica una idea:

  • las manos unidas representan la unión de las provincias

  • la pica simboliza la defensa de la patria

  • el gorro frigio representa la libertad

  • el sol simboliza el nacimiento de una nación

  • los laureles representan gloria y triunfo

Esto es lo que hoy llamaríamos narrativa simbólica o brand story. Una forma de transmitir valores políticos y culturales a través de una imagen.


Estrategia 4: los influencers de la época

Si hoy hablamos de influencers, en 1813 también existían figuras con capacidad de amplificar mensajes. Los “creadores de contenido” de esa época eran:

  • oradores políticos

  • sacerdotes

  • militares

  • periódicos

A través de discursos, escritos y proclamaciones, estas figuras podían explicar el significado del escudo y reforzar su legitimidad. Era una estrategia clara de validación social y autoridad.


Estrategia 5: eventos patrióticos

Los símbolos adquieren fuerza cuando se asocian a momentos significativos. Por eso otra acción clave era presentarlo en eventos públicos. Los momentos ideales podían ser:

  • celebraciones públicas

  • actos políticos

  • proclamaciones oficiales

El objetivo era integrar el escudo en los rituales colectivos de la sociedad. Cuando un símbolo aparece en momentos cargados de emoción colectiva, se vuelve parte de la memoria social.


Una reflexión final

Muchas veces pensamos el marketing únicamente como una herramienta para vender productos. Pero en realidad también sirve para algo más profundo: construir significados compartidos. El escudo nacional es un buen ejemplo de eso. Mucho antes de que existiera el marketing como disciplina, ya estábamos utilizando estrategias para instalar símbolos, transmitir valores y construir identidad. Porque, al final, las naciones también se construyen a través de historias, imágenes y significados compartidos. Y en ese proceso, los símbolos cumplen un rol central.


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